
Relato: Manuel Losada | Ilustración: Santipérez | Sobre una idea de Luis M. Rosales
LA ISLA DONDE NO HAY LUZ
El expediente llevaba años en el fondo del archivo municipal.
No era confidencial. Tampoco figuraba como extraviado. Simplemente quedaba fuera de clasificación. Cada reorganización devolvía aquella carpeta al mismo cajón.
Uxía lo encontró revisando incidencias antiguas para una auditoría.
Trabajaba como técnica de patrimonio. Su función consistía en verificar que los bienes catalogados seguían existiendo, en pie, ocupando el lugar indicado en los planos.
En la cubierta del expediente aparecía un único nombre:
Cortegada.
Dentro no había informe completo. Solo fragmentos: solicitudes de acceso sin respuesta, notas manuscritas sin firma, una orden de inspección pendiente.
Al final, un documento doblado, manchado por el salitre:
“El encargado se trasladó a la isla por voluntad propia.
No se prevé regreso a corto plazo.”
No figuraba identidad ni cargo.
Uxía solicitó información adicional.
La respuesta fue vaga.
—Eso viene de antes —comentó un compañero—. Siempre estuvo así.
Dos días después le asignaron la visita.
La indicación era sencilla: comprobar el estado de un inmueble vinculado a proyecciones históricas.
El barquero se limitó a manejar el motor. La trayectoria evitaba ciertas zonas de la ría.
—¿No vamos a rodear la isla? —preguntó ella.
—Hay rutas mejores —respondió.
Al desembarcar percibió un cambio sutil.
El sonido llegaba con normalidad, pero apenas retornaba. La luz penetraba entre los árboles sin producir brillo. El suelo mantenía humedad constante, incluso lejos de la marea.
El edificio resultó más pequeño de lo esperado. Sin placas ni señalización. La puerta permanecía entreabierta.
En el interior había bobinas de película guardadas en cajas de madera, etiquetadas con caligrafía precisa. Cuadernos con anotaciones técnicas y diagramas de la ría trazados desde perspectivas poco habituales. Sobre una mesa, un proyector antiguo permanecía limpio y conectado.
No parecía abandono.
Uxía llamó.
La respuesta fue el eco leve de su propia voz.
En la habitación del fondo encontró una cama hecha con cuidado. Un plato seco colocado junto a la lámpara apagada.
Y un espejo.
Durante un segundo reflejó la estancia vacía. Después la superficie osciló, como si el fondo fuera más profundo de lo que indicaba el marco.
Uxía desvió la mirada.
La visita no registró incidencias formales.
En el informe consignó: inmueble estable, sin riesgos estructurales, actividad técnica no documentada pero operativa.
El expediente regresó al cajón.
Desde entonces, cada año, cuando se acercan las fechas del festival, recibe un correo sin remitente.
Asunto: Cortegada.
Texto: “Sigue funcionando.”
Uxía no responde.
Se limita a archivar.
